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Un Atlas de la Arquitectura Fiduciaria

Un tour a través de las sombras de lo digital, por Liam Young

 

por Liam Young

traducido por Giancarlo Sandoval

 

 
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El satélite de DigitalGlobe’s WorldView-3, construido Ball Aerospace, es uno de los satélites que escanean la tierra que son usados por Google Earth. Foto © Ball Aerospace & Technologies Corp.
 

Precipitándose sobre nosotros a casi 7,000 millas por hora está una creación improbable. Bailando delicadamente con la gravedad está el satélite de Google Earth mirando al planeta y embaldosando un mapa digital de su superficie. En la resolución de estas imágene un pixel menos de medio metro en escala, un poco más grande que el ancho de nuestros cuerpos. Los artesanos ancianos una vez midieron el mundo usando partes del cuerpo humano, el ‘cubit’, basado en el codo, la pulgada, el largo del pulgar. El arquitecto modernista Le Corbusier diseñó sus edificios basándose alrededor de su ‘modular’ — un nuevo sistema de medida que él generó de las proporciones antropomorficas de nuestros cuerpos. Alguna vez entendimos nuestro mundo a través de sistemas que ponen al humano, nuestra visión y patrones de ocupación, al centro de las estructuras que diseñamos. En la cultura de lo digital, sin embargo, el cuerpo no es más la medida dominante del espacio, son las tecnologías a través de las que vemos y experimentamos el mundo que definen ahora cómo lo hacemos. En este contexto, debemos empezar a imaginar nuevas sensibilidades de diseño que resuenan a través de lo humano y la experiencia maquínica.

En los sistemas inteligentes de visión maquínica, una ‘fiduciaria’ es un marcador reconocible puesto en el ambiente que es usado para calibrar y navegar. Como el pixel ahora está definiendo una nueva ‘modular’, estamos viendo la emergencia de un nuevo género de la arquitectura, una clase de ‘arquitectura fiduciaria’ o una arquitectura post-humana diseñada para leer a las máquinas, pero que encuentra su sitio tanto en los espacios digitales de las redes y también en la tierra física del planeta. En los ojos de la computadora, tal arquitectura es re-imaginada como un marcador para la calibración computacional, codificada con la información digital, o un punto locativo en el cual se ancla una estructura AR luminosa de detalle intrincado, de complejidad inmedible y de ensamblajes animados de píxeles.

Podemos tomar un tour alrededor de esta piel digital de la tierra, visitando espacios y estructuras hechas por y para máquinas, pero extrañamente sugestiva de estas formas alternativas de experiencia espacial. Podemos trazar sus bordes, sus glitches y anomalías y ver dónde las burbujas digitales suben a la superficie para condensarse en un atlas de territorios, paisajes y arquitecturas fiduciarias. Una cartografía de estructuras esparcidas en una trayectoria desde la pantalla a las sombras que imponen en todo el planeta.

 
 

Sandy Island, New Caledonia
19° 13′ 12″ S, 159° 55′ 48″ E

Viajando a través del mar de pixeles de Google Earth, nos encontramos con la costa de Sandy Island, justo afuera de la costa de Australia. Sandy Island es una colección de pixeles oscuros, coordinadas de GPS, hipervinculos e historias. Originalmente catalogada por el barco caza ballenas Velocity en 1876, la Isla ha sido por mucho tiempo una masa de tierra de ‘evidencia dudosa’, un lugar tal vez registrado originalmente como una trampa para apoyar el copyright del mapa, o una pila mal etiquetada de piedra pomez de un volcán que fue vista yendo por el horizonte. Esta aparición cartográfica se mantuvo visible para Google Earth hasta que una investigación australiana confirmó su no-existencia durante una expedición en el 2012 para catalogar el piso oceánico. Hasta ese punto, para un mundo de exploradores de Google y aventureros de los enlaces, Sandy Island era tan real como cualquier otro lugar en línea. Si los lugares y espacios existen en los medios a través de los que los experimentamos, entonces se convierten en tan reales como cualquier otro. Podemos diseñar en estos paisajes digitales, conjurar arquitecturas de código, etiquetas de GPS y metadatos, para ser leídos y diseminados por máquinas, experimentados y habitados por nosotros.

 

Puerto de Hong Kong, Victoria Harbour
22° 20′ 03″ N, 114° 06′ 59″ E

A través de este mar de islas de GPS está la flota de contenedores, controlados por computadora, de la industria del mega-transporte. Los catálogos y mapas de papel que alguna vez fueron anotados por capitanes ahora han sido drenados por la pantalla, y los barcos ahora navegan autónomamente basados en algoritmos de tráfico, procesamiento de rutas eficientes y posicionamiento de satélites. Para estos capitanes digitales cualquier característica que aparece en su pantalla es tan real como cualquier cosa en el agua. Cuando los barcos se atracan son encontrados por grullas que también son conducidos por estos mismos algoritmos de la misma compañía. Un barco solía quedarse en el puerto por semanas mientras que cada objeto, grulla y barril era llevado a bordo a mano. Ahora, criaturas autónomas ruedan a través del asfalto lleno de marcas y líneas pintadas, sus operadores solo son pasajeros en la máquina, sus cuerpos son re-usados como un componente en el robot de escala de paisaje que ordena los contenedores que están listos para ser llevados.

 

Satellite Calibration Target, Gobi Desert
40° 27′ 08″ N, 93° 44′ 32″ E

En lo profundo del desierto mongólico, las marcas fiduciarias escaladas al paisaje están enfocadas en las mismas máquinas que ven los barcos contenedores. No son evidencias de una cultura antigua, o versiones olvidadas de las líneas de Nazca, son trazos de nuevas tribus de lo digital: los trazos animales de máquinas que orbitan. Este es un blanco para la calibración satelital, un gráfico de visión-maquínica grabado en la tierra y apoyando la precisión en que todo este sistema se basa. Estos patrones fueron creados para dar al transporte aéreo y a las cámaras montadas en satélites algo en lo que calibrar sus lentes, permitiéndoles probar su resolución y su habilidad de tomar imágenes claras a rápidas velocidades. La superficie de la tierra es un patrón de prueba digital, dado a que nuestro paisaje está anotado con los trazos de una nueva clase de infraestructura aérea autónoma

 

Pinewood Film Studios, Buckinghamshire
51° 32′ 53″ N, 0° 32′ 05″ W

Cuando un sistema maquínico está apropiadamente calibrado y entiende su posición en el espacio físico lo digital puede ser colocado con nuestra propia experiencia física. Esta es la commodity del estudio de cine, donde la vacuidad física es el activo crítico — el espacio diseñado para ser tan abierto como sea posible para reimaginar, para que el mismo espacio pueda ser, por una semana, un paisaje infernal en un planeta alien, y la siguiente, una calle de New York lista para el último beso de una comedia romántica despistada. Conjuntos de píxeles del tamaño de un escenario son proyectados a estos espacios vacíos. Detrás de la fantasía del cine son solo estructuras de pantalla verdes adornadas con puntos de miras, marcadores de calibración y trajes de cuerpo completo que parecen bolas de ping pong. Los estudios de cine modernos son una nueva clase de arquitectura, desvestidos para ser andamios e infraestructura para un mundo construido digitalmente.

Al igual que la realidad aumentada explota la experiencia CG de la pantalla del cine a la calle, una forma emergente de ornamento arquitectónico está comenzando a definir la visión maquínica y los algoritmos de rastreo por cámaras. Este será el mundo físico que dejemos atrás una vez que todo desaparezca en el lente de Google Glass u Oculus Rift. Cuando apagamos los carteles diseñados a la talla de los espacios urbanos de Minority Report — los avisos diseñados, los apuntes navegacionales,, los perfiles de Tinder y las actualizaciones de estado rastreados de nuestros paisajes citadinos de la ciencia ficción — veremos un mundo donde todo se ha convertido en una pantalla. Una arquitectura que está esperando, lista para la premiere de un millón de películas animadas que iluminarán estas superficies con color, detalles y especificidad.

 

Chernobyl Exclusion Zone, Pripyat
51° 22′ 52″ N, 30° 07′ 02″ E

Una vez llamada la ‘Ciudad del Mañana’, la zona nuclear de Chernobyl es ahora un paisaje abandonado y post-humano. En Marzo del 2002, un grupo de GSC Game World viajó a la zona de exclusión de Chernobyl. Armados con cámaras y sketchbooks de su videojuego S.T.A.L.K.E.R. Ahora, los guardias de seguridad aquí cuentan historias de su noche en la zona, mientras que persiguen a fanboys de S.T.A.L.K.E.R. que entran a la ciudad restringida para re-actuar sus personajes digitales y sus tramas. Los píxeles pasan a ser partículas radioactivas dado a que cruzan por la ciudad, rifles de aire sobre sus hombros, con uniformes cosidos a mano y máscaras anti-gas manteniendo el polvo tóxico.

S.T.A.L.K.E.R. ha transformado este lugar en un paisaje de hipervinculos, quieto y callado, pero al mismo tiempo lleno de miles de pisadas y balazos digitales que hacen eco de armas distantes. Aquí hay dos ciudades superimpuestas, como un efecto moiré urbano, constantemente cambiando entre un mundo y el otro. Es un sitio espejo, tanto su ser digital como su ser físico — un nuevo tipo de ciudad distribuida a través del planeta en constelaciones parpadeantes de rectángulos luminosos.

 

Amazon Fulfilment Centre, Swansea
51° 37′ 27″ N, 3° 51′ 46″ W

Estrechándose ante nosotros en nuestro Atlas están los estantes y contenedores del Amazon Fulfilment Centre. Cuando mandamos una orden a Amazon, a aquí va. Dado a que lo digital se va de la pantalla, sus patrones y su código re-estructura los espacios arquitectónicos de maneras que es difícil comprender. Las repisas de libros de Amazon están ordenadas basándose en algoritmos de clasificación complejos diseñados alrededor de frecuencias de venta y patrones de compra complejos. Los términos de búsqueda y listas de lectura sugeridas de la web se cristalizan en yuxtaposiciones ininteligibles y contigüidades calculadas. Los trabajadores de Amazon corren a través de las repisas, navegando de libro en libro, llenando órdenes al seguir la ruta más eficiente generada para ellos por las tabletas diseñadas a la medida que llevan constantemente. A través de esta interface son capaces de darle coherencia a este sistema; pero no está organizado para ellos, es un espacio organizado por las lógicas digitales y habitado por sus cuerpos re-utilizados como máquinas.

Nuestras ciudades se están empezando a organizado por algoritmos similares a las eficiencias del big data. Como el fulfilment centre, podemos imaginar formas urbanas emergentes diseñadas alrededor de vistas de satélites, o ciudades imposiblemente intrincadas y densas — nos localizamos en el espacio, no a través de vistas u orientación visual, sino a través del punto azul tintineando en un Google map que se actualiza en tiempo real.

 

Facebook Data Centre, Prineville
44° 17′ 45″ N, 120° 53′ 01″ W

Términos como ‘nube’, ‘wifi’ y ‘web’ sugieren algo omnipresente, efímero, en todo lugar en ningún lugar, pero estas estructuras se apoyan por una extraordinaria infraestructura física de escala planetaria. En Prineville, Oregon, una ciudad sin mucha notoriedad, en la confluencia entre energía hidráulica barata e incentivos de impuestos están los datos de los servidores de Facebook, Google y Apple. Cada ‘like’, carta de amor y actualización irónica, cada foto que se haya tomado, cada foto que será tomada, está guardada en estas máquinas vibratorias. En un tiempo en que nuestra historia colectiva es digital, esta es la gran biblioteca de nuestra generación, nuestra catedral, nuestro legado cultural.

¿Es el Internet un lugar para visitar, son sitios de peregrinación, espacios de congregación a ser habitados como una iglesia en los Domingos? ¿Querríamos ir en algún momento a conocer a nuestros ‘yos’ digitales, observar a través de estantes de servidores y vernos, guiñando de vuelta, en un millón de LEDs con el azul de Facebook? Cada era tiene un tipología arquitectónica icónica. La comisión de los sueños solía ser la iglesia, el Modernismo tenía la fábrica, y en la década reciente tenemos al museo y galería ‘starchitect’. Ahora tenemos el centro de datos.

 

Kalgoorlie Super Pit, Western Australia
30° 46′ 26″ S, 121° 30′ 00″ E

Es en las excavaciones mineras masivas, esculpidos de la salvaje interior de Australia, que nuestra nueva realidad digital comienza y termina su vida. El material de este sitio, ahora uno de los huecos más grandes no-naturales del planeta, está incrustada en todos los objetos tecnológicos que llevamos con nosotros ahora. Con cada gadget tecnológico que compramos, con cada opción de actualizar, cavamos un poco más. Los modelos de computadora de las minas ahora están enlazados en vivo con las fluctuaciones de los precios de metales en el mercado de acciones. Es el paisaje de una geología de datos. Si el oro es caro, se convierte rentable minar bajas concentraciones de minerales; si el precio es bajo, los planes de excavación de la semana se enfocan solo en tierra rica. Cada sitio de minería moderna puede ser tomado como una clase de visualización de datos grabados en la tierra de la escala del Gran Cañón. Mientras que los explosivos, excavadores y taladros han reemplazado la erosión lenta de ríos y terremotos, estamos grabando nuestra economía en el record arqueológico, una crónica de las permutaciones digitales que manejan nuestro mundo moderno.

 
 

Las infraestructuras del mundo digital tienen implicaciones extraordinarias para la experiencia material. Estas son arquitecturas detrás de las pantallas y más allá de la niebla de la nube — los outputs físicos de nuestro abordaje digital con el mundo. El oficio arquitectónico ha sido definido largamente por los medios de producción de la era. Los albañiles artesanales de piedras alguna vez esculpieron las columnas de las capitales con los motifs de dioses y la naturaleza, y el Modernismo abstrajo superficies de los componentes prefabricados hechos posibles por las fábricas. El Atlas de Arquitecturas Fiduciarias es un viaje a través del catálogo de estructuras que sugieren un lenguaje de diseño emergente condicionado por estas nuevas formas de infraestructura computacional. Esta colección de arquitecturas post-humanas y espacios resuenan a través de múltiples frecuencias, a través de múltiples formas de sitio y experiencia. Un atlas para un mundo donde los términos virtual y real ya no tienen aplicación, pero donde una arquitectura luminosa puede crear sombras a través de espectros físicos y digitales.

 

Liam Young es un arquitectoo, profesor y crítico. Es el co-fundador de Tomorrows Thoughts Today, un think-tank basado en Londres que explora las consecuencias de los urbanismos fantásticos, especulativos e imaginarios. También es el co-fundador dela Unknown Fields Division, un estudio de investigación de diseño nomádico, y es profesor visitante de la escuela Escuela de Arquitectura de Princeton.
Manuel Sepulveda