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Navegando el Neoliberalismo

Estética política en una era de crisis, por Nick Srnicek

 

por Nick Srnicek

traducido por Giancarlo Sandoval

 

 

Hay una rara y contingente conjunción de ramas dominando el mundo contemporáneo. En primera instancia, hay una desconexión que permea el mundo ahora — es decir, el colapso del neoliberalismo y su hegemonía concomitante sobre la imaginación social. Es difícil sobrestimar lo significativo que es este cambio, incluso cuando sus consecuencias completas todavía no se han sentido. Esto lleva a una segunda rama importante en nuestro mundo contemporáneo: el vacío abismal en el corazón del pensamiento político alternativo. Mientras que el neoliberalismo ha visto sus fundaciones colapsar bajo el peso de sus propias contradicciones, el piso debajo se mantiene no-habitado. Movimientos como el de occupy han emergido, pero han promovido soluciones localistas y horizontalistas inadecuadas a problemas globales. La profesora de ciencia política Jodi Dean crítico concisamente ‘A Goldman Sachs no le importa si crias pollos’. Mientras tanto, las alternativas mainstream se han mantenido aferradas a visiones obsoletas de una era de oro capitalista, abogando un retorno a la economía keynesiana clásica de los 1960s. Esto, por supuesto, ignora los cambios en las composiciones sociales, los cambios en infraestructura tecnológica y los cambios del balance global de poder.

Estas dos ramas — el colapso del neoliberalismo y la ausencia de alternativas — pueden encontrar su resolución en una tercera rama, la cual es una particular aproximación emergente a la estética. Lo que se necesita hoy es una reconfiguración de la estética política básica tomada por los izquierdistas. Más específicamente, lo que se necesita es una extensión de nuestras capacidades para la imaginación sensible mediante la mediación de los aumentos tecnológicos. Para poder desarrollar una alternativa que sea adecuada para las sociedades complejas de hoy, aquellos en la izquierda necesitan reunir las capacidades latentes de la tecnología y la ciencia para poder concebir un mejor futuro.

Esto es necesario, primeramente, para abordar el extraño no-objeto que es el capitalismo contemporáneo. La economía no es un objeto dispuesto a la percepción directa. Está distribuida a través del tiempo y el espacio; incorpora leyes de propiedad, necesidades biológicas, recursos naturales, infraestructuras tecnológicas y más en su ensamblaje ecléctico; involucra trayectos circulares de retroalimentación, eventos multicausales, sensibilidad a condiciones iniciales y otras características de sistemas complejos; y en última instancia, produce efectos emergentes que son irreducibles a sus componentes individuales. Como resultado de esto, a pesar de todo lo escrito sobre el capitalismo, sigue manteniéndose un misterio. La pregunta que debe ser abordada es, ¿cómo es que uno representa estéticamente una entidad compleja y estructural como el neoliberalismo? Dado a que evade la percepción directa, nuestra visión de la economía solo puede emerger del aumento del sistema cognitivo humano con varios aparatos sociotécnicos.

Esto llega al corazón de lo que el teórico político Fredric Jameson llama ‘mapeo cognitivo’. De acuerdo a él, la izquierda carece de mapeo cognitivo — los medios para hacer que nuestro propio mundo sea inteligible a través de un entendimiento situacional de nuestra posición. Jameson toma del teórico urbano Kevin Lynch, el cual argumenta (en su libro, The Image of the City) que al diseñar los espacios urbanos uno debe tomar en cuenta cómo la gente navega la ciudad. Al encontrar una nueva ciudad, el individuo es dejado sin ningún mapa cognitivo del espacio y se le fuerza a desarrollar uno a través del hábito. Como Lynch argumenta, el diseñador urbano puede asistir a este proceso al situar puntos de referencia estratégicamente y otros símbolos fácilmente reconocibles para proveer las bases para el desarrollo de un mapa cognitivo.

En el trabajo de Jameson, la idea del mapeo cognitivo no es tomada como la relación de un individuo a una ciudad, sino como la relación a un sistema económico entero. Como lo dice en su libro, Postmodernism: Or the Cultural Logic of Late Capitalism, la función del mapeo cognitivo es ‘habilitar la representación situacional por parte del sujeto individual a la más vasta e irrepresentable totalidad que es el conjunto de las estructuras de la sociedad como un todo’. Al pasar por un conjunto libre de periodos históricos desde el capitalismo nacional al imperialista y de este al globalizado, él argumenta que en un momento la naturaleza del capitalismo era tal que uno podría potencialmente establecer una correspondencia entre nuestras experiencias fenomenológicas locales y la estructura económica que las determina. Podíamos, en otras palabras, establecer un mapa cognitivo de nuestro espacio económico, por ende haciendo inteligible el mundo alrededor de nosotros. Podíamos situarnos como, por ejemplo, la clase trabajadora industrial y entender nuestra posición en la totalidad sincrónica y nuestro rol en la historia diacrónica. Con la emergencia de la globalización, sin embargo, Jameson declara que este ya no es el caso. Ya no podemos simplemente extrapolar de nuestra experiencia local y desarrollar un mapa del sistema económico global. Hay una deficiencia de mapeo cognitivo — es decir, hay un vacío esencial entre nuestra fenomenología local y las condiciones estructurales que la determinan.

Una investigación del Daily Mirror sobre el Bilderberg Group
 

Esta separación entre la experiencia y el sistema dentro del cual operamos resulta en una alienación incrementada — nos sentimos a la deriva en un mundo que no entendemos. En este aspecto, Jameson anota que la proliferación de las teorías de conspiración es una respuesta parcialmente cultural a esta situación. Las teorías de conspiración actúan al reducir la agencia detrás de nuestro mundo a una sola figura del poder (ya sea la del Bilderberg Group, los Freemasons, o algún chivo expiatorio conveniente). A pesar de la extraordinaria complejidad de algunas teorías de conspiración, estas proveen una respuesta tranquilizadoramente simple a la pregunta ‘quién está detrás de todo’. Estas, en otras palabras, actúan precisamente como un mapa cognitivo.

La significancia del mapeo cognitivo es que en parte prove una manera de navegar un sistema complejo. Jameson llega al punto de declarar que ‘sin una concepción de la totalidad social (y la posibilidad de transformar todo un sistema social), ninguna política socialista es posible’. Dado a que el capitalismo globalizado se ha desenganchado de cualquier coordinada fenomenológica, la posibilidad de una política socialista se ha vuelto cada vez más difícil. Como la científica política Susan Buck-Morrs argumenta (en su ensayo, ‘Envisioning Capital: Political Economy on Display’) en el corazón del problema está que ‘la economía no se encuentra como un objeto empírico entre otras cosas del mundo. Para que pueda ser ‘vista’ por el aparato perceptual humano tiene que pasar por un proceso, crucial para la ciencia, de mapeo representacional’. Como muchos objetos de la ciencia, la economía evade cualquier percepción directa. La salud de una economía no es una entidad física en el mundo; en vez, es una pieza de información construida y compleja, dependiente de los procesos materiales en el mundo como también las elecciones social y políticamente cargadas sobre cómo lo medimos y calculamos.

Lo que se necesita para el mapeo cognitivo de la economía es, por ende, la construcción de un sistema sociotécnico entero para observarla, medirla, clasificarla y analizarla. En vez de la percepción directa de la economía, percibirla como un sistema complejo es más como una sintomatología. De la misma manera en que un doctor examina los síntomas de un paciente para determinar la naturaleza de su enfermedad, también hay varios indicadores económicos usados para tratar de discernir la salud subyacente de la economía. Están los síntomas populares con los que todos están familiarizados (cosas como el GDP, trabajos, números, tasas de interés interbancario, etc) como también síntomas más arcanos, dados fe por sus practicantes (tales como uso de electricidad, costos de envío, etc).

En ese sentido, la manera clave para entender la economía es a través de las herramientas técnicas tales como algoritmos computacionales, modelos de simulación, econométrica y otros análisis estadísticos. Son estas clases de prótesis las que permiten la percepción de sistemas, que de otra forma serían invisibles, como el capitalismo. Tenemos que tomar en serio aquí el punto del teórico de los medios Friedrich Kittler (de su libro, Optical Media) que ‘las propiedades perceptibles y estéticas siempre son solo variables dependientes de la viabilidad técnica’. La expansión continua de la tecnología es tanto una llamada y un medio para expandir nuestro mapeo cognitivo de los sistemas económicos.

En la sociedad contemporánea, la infraestructura técnica de este proyecto está incrementándose rápidamente. Estamos incrustados dentro de una red masiva de varios sensores y bases de datos que graban más y más de nuestra existencia. Los patrones de telefonía celular son rastreado mediante GPS, los comportamientos online son grabados en cada paso, las conversaciones en las redes social son minadas por su contenido semántico, y los movimientos como el de la comunidad Yo Cuantificado están llevando estas tecnologías hacia adentro, hacia el cuerpo. Y a la par de esta expansión de la información esta la emergencia de los medios intelectuales y tecnológicos para analizar big data. El análisis de las redes sociales está proveyendo nuevos insights sobre cómo los memes, comportamientos, deseos y afectos se dispersan a través de nuestras conexiones personales. El modelado basado en agentes están dando nuevo insight sobre cómo los comportamientos organizados emergen del caos de las acciones individuales. Y los algoritmos predictivos usan acciones pasadas como la bases para predicciones sorprendentemente acertadas sobre el comportamiento futuro. Todos estos ensamblajes sociotécnicos pueden ser movilizados para incrementar la percepción y entendimiento del funcionamiento de economías neoliberales.

Pero lo que se necesita es más que la representación matemática de estos sistemas complejos. En una sesión de pregunta y respuesta después de su presentación sobre mapeo cognitivo, se le pregunta a Jameson una pregunta particularmente importante sobre cómo la estética entra en el concepto de mapeo cognitivo. Su respuesta es útil para entender donde el arte puede hacer una intervención política,

La pregunta del rol de la estética en vez de las ciencias sociales en las exploraciones de la estructura del sistema mundial corresponde, para mí, a la distinción ortodoxa (la cual todavía uso vagamente en un sentido algo diferente) entre la ciencia y la ideología. Mi punto es que esta división entre ideología en el sentido Althusseriano — es decir, cómo mapeas tu relación como un sujeto individual a la organización social y económica del capitalismo global — y el discurso de la ciencia, el cual entiendo que es un discurso sin un sujeto. En este discurso ideal, como una ecuación matemática, modelas lo real independientemente de sus relaciones con sujetos, incluyéndote a ti mismo. Ahora, pienso que puedes enseñarle a la gente cómo esta u otra visión del mundo debe ser pensada o conceptualizada, pero el problema real es que es más y más difícil para la gente encajar eso con su propia experiencia como sujetos psicológicos individuales, en la vida diaria. Las ciencias sociales rara vez pueden hacer eso, y cuando tratan (como la etnometodología), lo hacen solo por una mutación en el discurso de la ciencia social, o lo hacen en el momento en que una ciencia social se convierte en una ideología; pero de ahí volvemos a la estética. La estética es algo que aborda la experiencia individual en vez de algo que conceptualiza lo real en una manera más abstracta.

La estética, bajo esta concepción es lo que media sensiblemente entre la fenomenología individual y nuestros mapas cognitivos de las estructuras. Aun así pienso que podemos analizar la concepción de la estética que tiene Jameson en dos partes al hacer una distinción entre la estética del sublime técnico y la estética de las interfaces. Es decir, entre los datos como ruido impenetrable y los datos como dócil cognitivamente. El acto de crear mediadores entre esta diferencia esz una de las áreas más importantes en las que el arte podría ser situado ahora.

Instalación de Ryoji Ikeda, data.tron [versión mejorada de 8K]. Foto por Liz Hingley, © Ryoji Ikeda
 

En la primera aproximación, la estética del sublime técnico representa a los sistemas complejos de tal manera que los abarca, pero con una negligente reducción de información. El trabajo del artista Ryoji Ikeda en la datafónica es un buen ejemplo de esto. Al hacer uso de conjuntos de datos masivos y números que desafían la comprensión humana, Ikeda ha construido instalaciones y paisajes de sonido que operan en los mismos límites de la sensibilidad humana. Las frecuencias de su música a veces apenas y entran en el rango de las capacidades auditivas humanas, y sus instalaciones visuales son diseñadas para sobrecoger e incapacitar. El sublime técnico emerge aquí: donde la percepción retrocede ante la vastedad incomprensible mientras que la cognición y la razón se recuestan y la ponen en una caja negra. El sublime aquí es una tensión-paralelaje entre un horror al nivel de sensibilidad y un entendimiento conceptual en el nivel de cognición. Y he aquí precisamente el problema con darle el privilegio simplemente a los medios técnicos para entender sistemas como el neoliberalismo. Hay un riesgo real de que uno se mantenga al nivel de una expansión de información que representa al mundo tan ininteligiblemente como lo sería sin la mediación digital.

El mapeo cognitivo, por ende, arriesga generar solo una estética del sublime técnico — uno que nos sorprende con cantidades sobrecogedores de datos, pero provee poco entendimiento cognitivo de los mecanismos subyacentes. Es esto lo que une muchos intentos artísticos contemporáneos de hacer que la finanza global sea visible. Nos quedamos con, en el mejor de los casos, ser fisiológicamente manipulados a tener síndrome de stendhal. El mapeo cognitivo que se queda en el nivel del sublime técnico no nos provee con una ventaja cognitiva y sensible sobre nuestro futuro. En particular, se mantiene incapaz de sobrepasar la visión distópica contemporánea del futuro. De acuerdo con el teórico Marxista Franco Berardi, ‘El futuro se convierte en una amenaza cuando la imaginación colectiva se vuelve incapaz de ver alternativas a las tendencias que llevan a la devastación, la pobreza incrementada y la violencia’. La naturaleza arraigada del capitalismo global — el neoliberalismo zombie cayéndose incluso hasta después de su tiro de gracia — convierte al futuro en un tiempo implacablemente distópico. El cambio climático, las guerras por recursos, el conflicto social, la inigualdad y la militarización en incremento son los dados fenomenológicos del futuro.

Sin embargo, como Berardio resalta en su libro, After the Future, el futuro como tal es una construcción cultural. Antes de la emergencia de la modernidad, el tiempo fue construido como una caída de una utopía. Con la modernidad, sin embargo, esta relación fue revertida y el futuro se convirtió en el sitio del progreso y los sueños utópicos. ‘El futuro’, Berardi escribe, ‘no es una dimensión natural de la mente. Es una modalidad de proyección e imaginación, una característica de la espera y la atención, y sus modalidades y características cambian con el cambio de las culturas’. Nuestra propia era ha convertido la idea de progreso a algo inocentemente idealista. El postmodernismo se ha convertido en el sentido común de la persona promedio, ya sea explícitamente reconocido o no. Vivimos en la era donde el futuro ha pasado de ser utópico a distópico, donde el llamado soviético de ‘¡Asalta los cielos!’ ha sido dejado a un lado. En su lugar, nos quedamos con un futuro de agotamiento: agotamiento de recursos naturales, agotamiento de emprendimientos productivos, agotamiento de nuestro bienestar mental. Quizá sorprendentemente, la noción de un futuro progresivo se ha debilitado incluso dentro de los parámetros del realismo capitalista. La deuda aquí sirve como un indicador primario de la creencia capitalista en un mejor futuro — la deuda solo es repagable si uno cree que el futuro será mejor. El colapso mundial del prestar y la inversión — con corporaciones y bancos acaparando montos record de dinero — es por ende sintomática de que hasta el realismo capitalista está perdiendo su sentido del futuro.

Protestantes afiliados con el Occupy Wall Street Movement en el 17 de Noviembre, 2011 en New York City. Photo © Spencer Platt/Getty Images
 

Esta implosión del futuro se hace sentir afectivamente como impotencia política. Incapaz de extrapolar patrones y sobrecogida cognitivamente por el big data y los sistemas complejos, la agencia se reduce a un mero rechazo, en el mejor de los casos. El intento de negación del orden existente — encontrando su personificación física en los campos del movimiento Occupy más recientemente — intenta mantenerse firme en contra del momentum del sistema. Y aún así, inevitablemente, el dócil acto de rechazo se agota y el sistema se arrastra de nuevo.

Aquí es donde la estética de la interface hace una intervención clave. La imagen modernista de un futuro progresivo fue basada en la capacidad de extrapolar y predecir el futuro, como también la creencia en la capacidad humana de manipular la dirección de la historia. Ahora hemos convergido en una aceptación generalizada de la premisa neoliberal de que el mundo es demasiado complejo como para ser planeado, manipulado, acelerado, modificado o intervenido. El sentido común, por ende, dice que el mercado es lo mejor que podemos esperar. No hay manera de manipular un sistema complejo, ¿así que por qué molestarse? El sentido común se ha perdido en la complejidad del mundo sin un mapa cognitivo que lo navegue. Y si una estética del big data es incapaz de hacer que esta complejidad sea manejable, entonces lo que es necesario es una transformación del sublime estético a una estética de la interface. Este último indexa la mediación entre el complejo big data por una parte, y nuestras finitas capacidades cognitivas, por otra parte. En este espacio, el arte puede convertirse en una herramienta política hecha arma.

Es en este punto que el reciente trabajo artístico que se está haciendo bajo el vago nombre de ‘la nueva estética’ puede quizá suplementar los medios técnicos del mapeo cognitivo. El mapeo cognitivo le daría a la nueva estética un ímpetu político y una base tecnológica, mientras que la nueva estética le proveería al mapeo cognitivo con los medios artísticos y sensibles para alcanzar sus metas políticas. Hablando generalmente, la nueva estética ha sido un movimiento desarticulado asociado con integrar la percepción digital y tecnológica al arte. En un sentido, este siempre ha sido el caso con el arte — la cámara siendo el ejemplo más obvio de la tecnología estética que irrumpe. Pero por lo menos algo de lo que se está haciendo bajo el nombre de la nueva estética tiene su propia particularidad, la cual es irreducible a estos precursores históricos. En su ensayo del tema, el novelista Bruce Sterling recita las varias actualizaciones de la nueva estética,

La visualización de información. Vistas de satélites. La arquitectura paramétrica. Cámaras de vigilancia. El procesamiento digital de la imagen. Encuadres de vídeo irrumpidos por datos. Glitches y corrupción de artefactos. Píxeles 3D voxelatizados en geometrías del mundo real. Camuflaje Dazzle. Aumentos. Renders de fantasmas. Y último, pero no menos importante, los gráficos retro de 8bits de los 1980s.

En un nivel, este tipo de arte es discutiblemente mundano. La generación que emerge a la actividad política en este momento es una generación destetada por los medios digitales y con su sensibilidad incrustrada completamente en las interfaces de pantallas. Pero — y esto es lo que distingue el arte creado bajo la etiqueta de la nueva estética de las formas de arte del pasado que fueron tecnológicamente mediadas — ‘el procesamiento digital de la imagen coincide con lo real… precisamente porque no quiere ser una reproducción como las artes convencionales’. Se une directamente con la realidad de tal manera de que ahora hablamos de la ‘realidad aumentada’. Ahora, nuestras percepciones del mundo son cada vez más cubiertas, aumentadas, distorsionadas y extendidas por las imágenes digitales.

SEl proyecto de Sebastian Campion Urban Cursor proyectado en Figueres, descrito como un ‘objeto habilitado por GPS diseñado para facilitar la interacción social y el juego en un espacio público’. Foto © Sebastian Campion
 

Para la nueva estética, sin embargo, el problema con esta ubicuidad de la imagen digital es que la nueva estética se arriesga a simplemente explicitar lo que muchos ya saben. La tendencia, por ende, ha sido de tratar de recuperar la ‘rareza’ en la nueva estética para poder desnivelar los entendimientos convencionales. Pero como Sterling aclara, hay un problema con demasiada confianza en la rareza como un atributo estética. La rareza siempre es relativa e, inevitablemente, temporal. El arte glitch, por ejemplo, parece ser raro para muchos al comienzo, pero rápidamente se transforma en algo mundano. Para que la nueva estética tenga significado que dure, necesita empujar en una dirección diferente, más allá de lo raro. Así que si la nueva estética bordea lo mundano a veces, y se basa demasiado en la rareza en otros momentos, entonces, ¿qué se puede hacer para hacer que este medio artístico original e interesante?

Me parece que la nueva estética, en el mejor de los casos, es sobre una expansión de las posibilidades sensibles más allá de las limitaciones humanas. Es sobre aceptar completamente la división entre lo digital y lo real como algo insignificante y usar esta división colapsante como el ímpetu para explorar nuevos paisajes. Parte de esta expansión sensible también tiene que moverse más allá de solamente lo visual y empezar a incorporar lo táctil. En tanto los comportamientos gestuales se convierten más y más centrales para nuestra interacción con los medios digitales, las posibilidades estéticas de estos medios interactivos está rotando de la orientación visual tradicional. Para regresar a la pregunta del mapeo cognitivo, los artistas explorando estos nuevos medios y espacios de posibilidad son aquellos que están mejor situados para responder las preguntas de cómo representar el big data, las simulaciones computarizadas y otras visualizaciones de datos. Es la práctica de esta clase de artistas la que necesita ser examinada y apoyada para poder sobrepasar los límites del sublime técnico.

Entender la nueva estética es crear espacios de posibilidad sensibles más allá de los rangos humanos estándar también ayuda a aclarar la apuesta entre dos críticas opuestas al movimiento. La primera es una de las críticas principales de Sterling: que la nueva estética ignora sus componentes humanos al confundir la fuente y la instrumentalidad de las mediaciones tecnológicas varias: la visión de drone es parte de un gran ensamblaje político-militar; los algoritmos de vigilancia y rastreo son productos de un tipo particular de estado; los glitches y las imágenes de baja resolución provienen de un deseo muy humano de nostalgia. Reconocer el componente humano — el cual es también el componente político — integrará al movimiento de la nueva estética a un mundo mucho más significativo. La nueva estética no puede simplemente ignorar a los usuarios de la tecnología — al hacerlo, presenta falsamente imágenes apolíticas y elude su propio potencial.

Pero entonces, ¿qué hacemos con el llamado del diseñador de videojuegos Ian Bogost para empujar a la nueva estética en direcciones más raras y menos humanas? Para Bogost, la nueva estética sigue siendo humana, demasiado humana. Él escribe,

Una verdadera estética nueva podría trabajar de una manera diferente: en vez de ceñirse a la manera en que los humanos vemos nuestro mundo diferente cuando comenzamos a verlo a través y con los medios computarizados que por su cuenta ‘ven’ el mundo de varias maneras, ¿qué tal si preguntamos cómo las computadoras y los bonobos y los postres de tostadoras y los Dreamliners Boeing 787 desarrollan su propia estética? La percepción y la experiencia de otros seres se mantiene fuera de nuestra comprensión, e incluso así disponible para la especulación gracias a la evidencia que emana de sus núcleo retirados como la radiación alrededor del horizonte-evento de un hoyo negro.

Mientras que Bogost está presuntamente opuesto a la idea de politizar la nueva estética, la prescripción de Bogost puede, de hecho, ser productivamente combinada con la política. Uno solo necesita reconocer cómo la tecnología ya está extendiendo capacidades perceptuales para poder convertir a la fenomenología alien de los objetos proporcional a la acción política: las cámaras de vigilancia que rastrean individuos mediante espectros invisibles de luz; la tecnología militar que transforma el calor en formas visuales; la investigación a nuestras únicas firmas olfativas; y tecnología emergente que envuelve luz alrededor de objetos y camufla armas de satélites, por ejemplo. Todo esto es acción política que ya opera fuera del sistema perceptual humano. La rareza de la percepción objetal no está, por ende, opuesta a la naturaleza política de la visión de la máquina. Y la nueva estética, como la expansión de las posibilidades sensibles mediante las nuevas tecnologías digitales, es simplemente el movimiento artístico que está explorando este espacio conceptual y sensible.

¿Así que cómo es que esto se relaciona con el mapeo cognitivo? Como se discutió antes, entender un no-objeto como el neoliberalismo requiere aceptar que hay elementos que causan estragos en la cognición típica y en la percepción. Una solución puede ser extender nuestras capacidades internas, digamos, mediante mejoras farmacéuticas. Pero presentemente esto solo ofrece un ajuste menor, y ciertamente nada suficiente para estos propósitos políticos. Así que la única opción que queda es la de diseñar interfaces de tal manera que puedan ofrecer la posibilidad de manipular sistemas complejos. Sabemos por leer neurociencia contemporánea que la consciencia opera simplificando el ambiente; pero la recarga de información que encaramos ahora es enteramente un nuevo modo de complejidad en nuestro ambiente — no es solo complejidad sensorial, sino también una complejidad cognitiva. La estética de la interface es el modo de operativiza este conocimiento complejo y convertirlo a representaciones fenomenológicamente dispuestas. Y el trabajo que se debe hacer es crear y descubrir nuevas maneras de obtener la percepción de la máquina.

Máquina de lotería con mecanismo de carrete y microcontrolador dedicado. Diagrama © Timothy C. Loose
 

Un espacio importante de exploración estética es, por ende, una conjunción entre los paradigmas de la nueva estética combinados con las herramientas del mapeo cognitivo provistos por la ciencia y la tecnología. El diseño — como la conjunción de la estética, el pragmatismo y la tecnología — se convierte en el nodo clave para superar nuestra distopía actual. En una era plagada por el caos — lo que Berardi llama ‘una complejidad que es demasiado densa, demasiado gruesa, demasiado intensa, demasiado veloz, demasiado rápida para que nuestros cerebros la descifren’ — el objetivo de la estética política debería ser la de tratar y concebir estas lineas acelerantes que componen el mundo y lo vuelven en un inteligible y dócil plano de consistencia. Esta forma de estética necesita ser orientada hacia algo práctico, tomando en consideración las posibilidades cognitivas y materiales del cuerpo humano. Podemos pensar aquí en la significancia de varios mecanismos de interface usados en las tecnologías diarias como los smartphones. Los gestos usados para navegar en estos paisajes digitales están sujetos a millones de dolares de inversión, investigación y litigación. Este dinero es gastado precisamente para poder poner un puente entre las aumentaciones tecnológicas y el cuerpo carnoso del humano, juntando a ambos en una sola unidad. Elecciones estéticas similares son el tema de un reciente y fascinante libro escrito por Natasha Dow Schüll sobre el diseño de las loterías de los casinos. Aquí, el diseño de interfaces toma una cualidad siniestra en tanto su propósito es atrapar a individuos susceptibles y explotar sus adicciones químicas. Laura Noren (en su reseña de Addiction by Design) sintetiza,

Por un tiempo, la ergonómica era la economía. Después los animadores caros fueron contratados para diseñar sonidos placenteros y animaciones para recompensar a los ganadores. Pero algunos jugadores se molestaron porque las animaciones eran demasiado lentes, así que las animaciones se quitaron. El juego se aceleró. El juego más rápido era genial para la entrega de dopamina al cerebro. También tendía a acelerar a los jugadores hacia el final de sus créditos, lo cual bajaba su lealtad a máquinas en particular y los casinos que las tenían. El juego basado en fichas permitió que los diseñadores respondieran a este problema al alterar los programas para que victorias pequeñas y frecuentes (casi siempre menos que el costo de jugar una sola mano) mantengan a la dopamina subiendo mientras que el dinero de los jugadores iba consistentemente a los cofres del casino.

Esta manipulación neural, química y visual de la interface demuestra la capacidad de que las interfaces sean moduladas y orientadas hacia fines políticos en particular (en este caso, ganancia). Puesto simplemente, el diseño de la interface tiene efectos de comportamiento reales en los individuos. Pero en el caso de un sistema complejo, el sueño de una interface-panóptico cuasi-divina debe ser rechazada. En vez, las interfaces deben actuar para restringir información a un conjunto crucial de variables, o a un subconjunto discreto que habilita interacción lista. Esto es especialmente pertinente a para actuar en megasistemas reflexivos y complejos tales como el sistema financiero global. En otras palabras, los sistemas complejos requieren sintomatologías — la economía es entendida no como un objeto sensible, sino como una serie de indicadores económicos. Lo mismo va para el sistema del clima — entendido en términos de indicadores específicos del clima (concentraciones de CO2, promedios de temperatura, niveles del hielo ártico, etc).

La sala de operaciones de Cybersyn. Foto © Gui Bonsiepe, usada con permiso
 

¿Entonces cómo es que estas formas muy específicas y personal de diseño de interfaces se relacionan a preguntas más amplias sobre el capitalismo global? Para dar un ejemplo concreto de lo que está siendo sugerido aquí, no hay mejor instancia que el Proyecto Cybersyn en Chile durante los 1970s. Como Eden Medina, su historiadora preeminente, anota en su libro, Cybernetic Revolutionaries: Technology and Politics in Allende’s Chile, el Proyecto Cybersyn ‘fue concebido como un sistema de control en tiempo real capaz de recolectar datos económicos a través de la nación, transmitiéndolos al gobierno y combinándolos en maneras que pudieran asistir a la toma de decisiones del gobierno’. La elaborada infraestructura técnica que soporta este sistema estaba en última instancia orientado hacia una sola sala de control capaz de ver toda la economía.

En un muro una serie de pantallas mostraban datos económicos de las fábricas de la nación. Un mecanismo de control simple que consistía en diez botones en el reposabrazos de cada silla permitía a los ocupantes traer diferentes gráficos, rankins y fotografías de la producción industrial chilena y ponerlos en las pantallas. En otra pared un display con luces rojas indicaban emergencias económicas actuales que necesitaban atención; mientras más rápidos los flashes, peor estaba la situación. Una tercera pared mostraba una imagen de color iluminada de un modelo cibernético de cinco gradas basado en el sistema nervioso humano.

Cybersyn incorporaba todos los aspectos discutidos aquí. Usaba las teorías cibernéticas más avanzadas, como también tecnología sofisticada, para poder producir una representación sintomática de la economía como un sistema complejo. Después tomába los datos brutos y los transformaba en una estética de diseño particular que estaba orientada a ganar ventaja pragmática sobre el sistema complejo. E hizo todo esto a través de medios visuales, a través de elecciones arquitecturales, a través de diseños gestuales, y a través del conocimiento de los límites del pensamiento humano. Adicionalmente, a diferencia de similares sistemas soviéticos de los 1950s, el sistema Chileno implementó una visión radical de la sociedad a su infraestructura tecnológica. En oposición al control centralizado de arriba-abajo de los sistemas Soviéticos, el sistema Chileno incorporó la capacidad de una toma de decisiones descentralizada directamente a Cybersyn, efectivamente uniendo una forma original del comunismo a su infraestructura material.

Mark Lombardi’s World Finance Corporation and Associates, ca. 1970–84: Miami, Ajman, y Bogota-Caracas (Brigata 2506: Cuban Anti-Castro Bay of Pigs Veteran) 7ma Versión. Foto por John Berens, © Pierogi Gallery, Donald Lombardi
 

Es a través de esto que, primero, los izquierdistas pueden empezar a navegar el mundo conceptual y práctico del neoliberalismo. Esto significa un análisis más efectivo de dónde están los puntos de ventaja, por ejemplo. Pensemos en el ‘arte conspiratorio’ del artista conceptual Mark Lombardi, el cual intenta ver las redes sociales entre la élite de poder en el mundo. Otros ejemplos incluyen el análisis de redes sociales de directorios interconectados, y mapeos del ‘poder capitalista’ que trazan las relaciones de propiedad. También está el ejemplo de discernir los puntos nudo de las redes de transporte — volviendo el caos del comercio globalizado a algo dispuesto para la acción política. El segundo resultado del mapeo cognitivo y de una estética del diseño es la construcción sistemas económicos alternativos. Uno de los primeros intentos para mapea cognitivamente la economía fue por Francois Quesnay en 1758, que resaltó la naturaleza sistemática de la economía y las interrelaciones entre dueños de tierras, granjeros y campesinos. Hoy en día, organizaciones izquierdistas como la New Economics Foundation han construido extensivamente sobre insight sistemático para crear modelos de computadora de la economía que tienen como objetivo apoyar a las metas políticas izquierdistas. Con este tipo de aproximación podemos empezar a revertir la tendencia donde el futuro ha sido pintado como distópico. El arte, aquí, se convierte en la visualización del futuro, en vez de una retrospectiva del pasado. Como Berardi escribe, ‘El repertorio de imágenes a nuestra disposición límita, exalta, amplifica o circunscribe las formas de vida y eventos que, a través de nuestra imaginación, podemos proyectar hacia el mundo y poner en marcha para ser, construir y habitar’.

En una era de complejidad inmensa, uno de los medios primarios para sobrepasar la suposición neoliberal sobre la imposibilidad de manipular esta complejidad y convertirla en perspicuidad es la de juntar la práctica del arte, las simulaciones digitales y las infraestructuras tecnológicas en un proyecto que busque representar el no-objeto que es el neoliberalismo.

 

Nick Srnicek es un teórico político basado en Londres. Es el co-autor de Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without Work, y #Accelerate: Manifesto for an Accelerationist Politics, ambos con Alex Williams. También es el autor de Postcapitalist Technologies, a ser publicado.
Imagen en la cabecera: Ryoji Ikeda‘s test pattern [nº5] instalación audiovisual. Foto por Zan Wimberley, © Ryoji Ikeda, usada con permiso
Manuel Sepulveda